, que significa fuerte en Dios.
Las monedas hebreas constituyen la fiel expresión del pueblo que las acuñó, pues están estrechamente ligadas a su sensibilidad religiosa y a
sus vicisitudes históricas. Presentan, en efecto, una iconografía limitada y artísticamente mediocre, reflejo de la típica aversión de los
semitas hacia las imágenes elaboradas y, especialmente, en relación a la imagen humana.
Contra las figuras antropomorfas
Al contrario que las civilizaciones vecinas (como la egipcia, devota de gran número de animales en cuyo honor se labraban imágenes a las que
se rendía culto), los hebreos ven a su Dios sólo con el pensamiento, y consideran una profanación representar a una divinidad en figura
humana y en un material VII y perecedero.La divinidad es inmortal, eterna e irrepresentable. A propósito de la plasmación antropomorfa de
las divinidades, en la Biblia se lee: ...tales ídolos son groseros espantajos, privados de la palabra. Necesitan incluso ser
transportados, pues no caminan. Por tanto, no hay que temerlos, puesto que no pueden causar perjuicio. E igualmente, de ellos no puede venir
nada bueno. Y también: ,El Señor dijo: "Yo soy el Señor, tu Dios...No tendrás dioses extranjeros...No harás escultura ni imagen alguna de
lo que está en lo alto del cielo ni de lo que está abajo, en la tierra...No adorarás tales imágenes ni les rendirás culto alguno".
En las monedas del pueblo hebreo, en efecto, no aparecen figuras humanas, y toda la iconografía se reserva a objetos del cult(5 de Yhwh
(tetragrama impronunciable, como impronunciable es el nombre de Dios), esto es, del Eterno, el Creador. Desde un punto de vista histórico, en
el transcurso del tiempo se observan los símbolos de las potencias extranjeras que gobernaron la tierra prometida, sin alcanzar nunca a
someter al : entre ellas figuraron los reyes de Siria, los egipcios y los romanos.
Primeros testimonios
La Biblia se refiere a pagos desde la época de los patriarcas: José (hacia el año 1800 a.C.) fue vendido por sus hermanos envidiosos a unos
mercaderes egipcios por cinco sicios. A este pasaje bíblico se le reconoce cierto fundamento histórico, puesto que está probado que hacia el
siglo XIX a.C.una grave escasez empujó a los hebreos a Egipto. Pero no cabe atribuir a la palabra el significado que tuvo luego, de
auténtica moneda de plata: ese episodio debe interpretarse como un intercambio realizado mediante lingotes de plata, y no pudo ser de otro
modo, puesto que la moneda, con las funciones que hoy le atribuimos, nació después del siglo Vi¡ a.C.Las primeras monedas verdaderas acuñadas
por el pueblo hebreo se remontan a tiempos relativamente recientes (fines del siglo 11 a.C., en época de Juan Hircano, el primero que mandó
acuñar monedas con el nombre de un príncipe judío). En la Biblia, sin embargo, abundan las referencias a monedas de varios países,
seguramente en circulación en el seno de una sociedad inclinada por naturaleza al comercio: dáricos y sicios medos, tetradracmas de los
Seléucidas de Siria y de los Lágidas de Egipto, y tantas otras monedas.Éstas las pesaban y cambiaban los banqueros sentados en su
banco.
Una sociedad marcada existencialmente por la pequeña propiedad inmobiliaria había evitado la concentración de grandes patrimonios en manos de
unos pocos, y favoreció, sobre todo en época helenisticorromana, la posibilidad de que muchos judíos adquiriesen gran experiencia en las
actividades comerciales y acumularan enormes riquezas (piénsese en las compañías que alquilaban barcos y en el nacimiento de los primeros
bancos, gestionados precisamente por los judíos).
Las primeras monedas hebreas tuvieron una circulación estrictamente local, y sus tipos eran una corona, una palmera, el cuerno de la
abundancia y una azucena, representados en un estilo muy tosco. Bajo Alejandro Janeo (Jonatán), las leyendas en lengua hebrea iban
acompañadas de otras en griego.Los romanos, después de haber sometido Siria y a los Seiéucidas, que dominaban Palestina, no tardaron en
intervenir en esta última región, aprovechando las guerras civiles que estaban debilitando a los judíos.
Roma entra en escena
En el año 63 a.C., Pompeyo tomó al asalto Jerusalén, aliado a una de las facciones en lucha.
Siguió una larga serie de soberanos hebreos que demostraron ser dóciles vasallos del poder romano. Entre ellos, recordemos a Heródes el
Grande (años 40-4 a.C.), quien no cuidó mucho de la ortodoxia religiosa, y confió más bien en el apoyo de los romanos, tan odiados por su
pueblo. Los tipos de las monedas remiten en general a los anteriores, y presentan además el trípode y el acrostolio (la parte prominente de
la proa de un barco), siguiendo con frecuencia la tradición helenística. Además de la presencia intermitente de la fecha o de la indicación
del valor, se encuentra, en griego, la leyenda , título conferido por el Senado romano. Esta inscripción indica la supeditación
política a la que Palestina se había visto reducida, y es una señal de cómo había desaparecido ya la figura de un jefe, a la vez político y
religioso, del pueblo hebreo. Bien distinta era la situación en los tiempos de Saúi, David y Salomón (1 020-933 a.C.).
El sucesor de Herodes el Grande fue aquel Herodes Antipas que, aterrorizado por la amenaza de un nuevo rey de los judíos, ordenó la
@. Su nieto Agripa acuñó monedas de tipología híbrida, testimonio de un momento de transición política e histórica
y de una crisis que conduciría a la total asimilación del territorio hebreo por los romanos. En efecto, Herodes Agripa, educado en Roma,
obtuvo de Calígula el control de la región. De esta estrecha relación con el poder central dan testimonio las monedas, que, a la manera
romana, llevan las figuras de la Victoria y de la Fortuna, elecciones en verdad sorprendentes dado que la religión hebrea era radicalmente
monoteísta y, por ello, no podía aceptar imágenes paganas en las monedas ni en cualquier otra forma de expresión. Aún más escandaloso debía
parecerle a la sociedad hebrea el retrato del emperador que, a veces, aparecía en esas monedas, lo mismo que el del propio Agripa con su hijo,
que se representa en las monedas acuñadas en Cesarea.(En las acuñaciones de Judea, sin embargo, se incluían sólo los tipos del parasol ritual
y de la espiga.)
Testimonios de la autoridad
Durante la dominación romana, los diversos gobiernos fueron autorizados a emitir monedas de bronce, de circulación estrictamente local,
Presentan los tipos característicos de Palestina, como la espiga, la palmera, la vasija de dos asas y la corona. Bajo Poncio Pilatos, en
particular, se adoptaron símbolos típicamente romanos, como la corona de laurel y el lituus@ el bastón curvado de los augures, sacerdotes
de la religión latina. Aparecía además el nombre de Tiberio, señal, para algunos especialistas, de que estaba vigente una política
abiertamente antijudía, que había de conducir a una lucha cada vez más radical y decidida entre ambos componentes e efecto, en el año 66 d.C
breos, exasperados por lz fiscal de los funcionarios r y por la obligación de acep autoridad imperial que 1 doxos no podían admitir,
manifestaron brotes de rebelión.Ésta propició dos tipos de emisiones.
La primera, de los alzados, com prendía monedas de plata (sicios medios sicios) que llevaban los tipos la copa y de la azucena, con una
leyenda que nombraba expresamente a @,Israei y Yerushalaim hacdoshá ). Se acuñaron también sicios de bronce con la
inscripción ,Herut Zion, o sea ,libertad de Sión, casi un grito, la proclamación de la voluntad de resistir, la afirmación absoluta de la
independencia religiosa y política del pueblo hebreo.
La revuelta aplastada
La segunda serie de monedas, emitida en nombre de los emperadores romanos Vespasiano, Tito y Nerva, constituye una especie de respuesta a las
monedas acuñadas durante la revuelta: las leyendas (,) y Iudaea deducta (esto es, Judea domeñada,
arrebatada al control de los revoltosos) subrayan no sin arrogancia la destrucción de Jerusalén (año 70 d.C.).Muy significativa y expresiva
es la representación escogida para estas monedas: en algunas de Vespasiano y de Tito aparece una palmera bajo la cual está sentada una mujer
llorando, que es la personificación de Judea. En un sestercio de Nerva, se lee: Fisci iudaici calumnia sublata, leyenda que hace
referencia explícita al impuesto pagado por los judíos al fisco imperial. Según la frase propagandística del emperador, habría sido
barrida la falsa acusación de una exagerada exacción fiscal al pueblo hebreo.
Pero las difíciles relaciones entre Judea y los romanos no terminaron: cuando el emperador Adriano, en el año 132 d.C., quiso reedificar
Jerusalén y levantar sobre las ruinas del Templo un nuevo santuario dedicado a Júpiter, los hebreos se rebelaron. Dio comienzo así al
levantamiento de Bar Kokebas, el hijo de la estrella, cuyo nombre aparece en diversas acuñaciones de plata y de bronce. Esta rebelión,
también ahogada en sangre, fue la última manifestación de un pueblo que, a partir del año 135 d.C.(año de la diáspora), se dispersó por el
mundo.
Las monedas de este período son muy interesantes y ricas en referencias cronológicas, iconográficas e históricas. El jefe de los revoltosos
aparece con el nombre de Simón, detalle que durante algunos años ha confundido a los especialistas, quienes pensaban que estas piezas debían
atribuirse a otro período histórico. Las monedas de plata, las más de las veces acuñadas sobre denarios romanos, como demostración del estado
de extremo aislamiento y de precariedad con que se llevó a cabo la rebelión, llevan a menudo la fachada del Templo, que tanta importancia
histórica y simbólica tuvo siempre para el pueblo hebreo. Sobre el Templo hallamos la estrella que alude al nombre del jefe de los alzados.
En el reverso de estas monedas encontramos el cáliz y el Iulav ritual. Este último comprendía una palma (lulav) unida a mirto (hadas),
sauce (aravá) y cedro (etrog). También existen monedas de bronce, de gran módulo, muy probablemente destinadas a pagar a las tropas. Las
leyendas aluden todas a la libertad de Jerusalén y a la redención de Israel. Para fechar estas piezas, se toma como punto de referencia el
inicio de la revuelta. A menudo, en ellas aparecen también racimos de uva, la ¡ira de tres cuerdas, el cáliz para el vino y la palma,
símbolos caros a la tradición ritual hebraica.
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