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Ya en las últimas décadas del siglo xiv Europa conoció una fase de notable desarrollo económico que puso fin a la prolongada crisis iniciada a
mediados de la centuria anterior. La coyuntura positiva se acentuó en el siglo XVI: aumentaron la población y la producción agraria, que
constituía la base fundamental de todos los sistemas económicos de aquel tiempo, y el desarrollo del comercio oceánico favoreció el incremento
de la producción de manufacturas.
El crecimiento de la demanda de artículos de lujo por parte de las pequeñas y las grandes cortes europeas, los gastos para mantener las tropas
mercenarias y los abastecimientos a ciudades cada vez más extensas y pobladas, determinaron el considerable aumento de la demanda de artículos
de lujo y de uso corriente. Este notable incremento de la demanda cambió también la mentalidad de quienes se dedicaban a la producción: si en
la Edad Media era fundamental atender a la calidad, ahora también estaba cobrando importancia la cantidad.
Una economía de dimensiones planetarias
Fueron notables las consecuencias de la Reforma protestante, promovida por Martín Lutero en 1517 con la publicación de sus famosas 95 tesis
acerca de las indulgencias. La Iglesia católica había condenado siempre la actividad económica encaminada a obtener ganancias ampliamente
superiores a las necesidades de supervivencia del individuo y de su familia. Para los protestantes, en cambio, el trabajo y el ahorro eran
aspectos fundamentales de la existencia cristiana, en la que la profesión realizaba la vocación. Particularmente en el calvinismo, una
actividad económica floreciente testimoniaba el esfuerzo del creyente para promover el orden social ,a mayor gloria de Dios.
El descubrimiento de América y la comunicación directa con Asia abrieron nuevos mercados de aprovisionamiento y de destino para las
producciones europeas, y condujeron al desarrollo de una economía de dimensiones mundiales. Nuevos centros del comercio internacional
sustituyeron los tradicionales que no habían conseguido adaptarse a los nuevos horizontes abiertos por los descubrimientos geográficos. Las
especias, los colorantes para los tejidos de lujo, las piedras preciosas y los perfumes seguían las nuevas rutas de Oriente trazadas por Vasco
de Gama; el oro, la plata y nuevos productos alimentarios procedían de América. El centro del comercio internacional no era ya la cuenca
mediterránea: cobraron una importancia creciente las nuevas escalas portuguesas y españolas, frecuentadas por los comerciantes alemanes,
franceses y, sobre todo, holandeses.
Las letras de cambio de amberes
Mientras en Italia nacían los montes de piedad y los primeros bancos públicos, en Amberes y Amsterdam se desarrollaba la bolsa. En la primera
mitad del siglo XVI, en Amberes la cifra de negocios se contaba entre las más importantes de la época, porque las importaciones de las
colonias de los reinos ibéricos hallaban aquí su centro de distribución mundial. De sus almacenes partían para los principales mercados
especias, sal, azúcar de las plantaciones tropicales, tejidos preciosos, oro, plata y cobre. No cabe sorprenderse, pues, de que en Amberes y
luego en Amsterdam y en Londres, que le sucedieron como los centros comerciales y financieros más importantes de la Edad Moderna, se
introdujeran algunas innovaciones comerciales y bancarias. En Holanda e Inglaterra, países protestantes, el interés no era objeto de condena,
por lo que el recurso al crédito resultaba mucho más fácil. No había necesidad de prohibir las cartas de cambio, dado que para obtener un
préstamo bastaba que el deudor entregara al acreedor una ,promesa escrita de que pagaría su débito a su tiempo. Luego, estos pagarés se
convirtieron en títulos al portador transferibles. Se difundieron especialmente en Inglaterra: todavía hoy en los billetes británicos consta
la fórmula que aparecía ya en los más antiguos: I promise to pay..., típica de los títulos de crédito. Lo representado por el ,pagaré
podía transferirse a un tercero mediante una asignación. Esto significa que, gracias a una anotación del acreedor sobre el mismo título,
una tercera persona podía hacerlo efectivo. Más tarde, del título, y simplificando el procedimiento con una sencilla firma, nacería el
documento de endoso.
La operación más antigua conocida de descuento de una letra de cambio se efectuó en
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